Friday, 29 August 2014

De safaris olvidados

C: ¨Subrho sabía que él era fácil de olvidar, pero que nunca nadie olvida a un elefante¨  Creo que soy Subrho y no un elefante.

L: Oh. Más bien, la cosa es que el elefante es el que no olvida; y si los que tienen que recordar al elefante no son elefantes, sólo se les olvida siempre todo. Y los elefantes recuerdan a cada una de las personas que pasaron por su jaula en la vida.

C: Todas y cada una.

L: Yo sé.

C: Lo malo... es que no sólo no los olvidan, tampoco olvidan quererlos siempre.

L: Yo sé.

C: Éso sí deberían hacerlo. Pero por eso se alejan, para tratar de olvidar y terminan siendo olvidados y maldecidos a siempre recordar y arrepentirse de tratar de olvidar.

L: Yo soy un elefante, C, y sé que duele. Lo siento.

C: Eres de los que no se olvidan. Yo... un día me perderé entre recuerdos y un vago cuento.

L: No necesariamente. Ni tú ni yo llegaremos a esos absolutos. Y sí nos duelen las cosas que son difíciles de sacar de la mente; y están haciendo ruidos como sobre metal que resuena, recuerdos que dejan salitre. Y nos olviden o no, recordamos cosas que quisiéramos no pensar y fantasmas que no se van.

Thursday, 31 July 2014

Aquí


Colecciones. Sólo vas caminando por ahí, recogiendo cosas interesantes, bonitas, extrañas; con su encanto. Ya sabes, plumas, semillas, fierritos, personas....
Y todo lo guardas en un lugar especial.

La que no era Adele


Cuando tengo cosas que inundan mi cabeza sólo quiero explicarlas, sólo quiero dejar ir toda el agua que empieza a dejarme sin aire. Abro una escotilla y salen los borbotones sin pena, sin reservas. El problema es que cuando uno tiene tantas cosas que decir, del tipo que me sumergen ahora, una que otra inundará al que llegaba sin balsa.  ¿Es mejor aprender a nadar y hacer bucitos hasta que bajen las aguas? Mientras sólo intento aparentar un mar sereno y tropical, uno en el que parece que no hay profundidades abismales llenos de criaturas que asustan; miedos, inseguridades.


Tuesday, 25 February 2014

Edvard Grieg y Anexados




Bien. No me puedo sacar el primer movimiento del concierto para piano de Grieg de la cabeza.  La emoción es muy grande. Es como conocer a alguien por segunda vez.  A un volúmen que en mi casa ni loca pondría, y con la velocidad un poco diferente, pero sobre todo, los otros movimientos que no había escuchado.

  Pero, mejor por partes. Como siempre corriendo y con un montón de cosas en la cabeza, pendientes y otras cosas. Y luego llegar, sentarse justo un minuto antes de que se dé la tercer llamada. Con las espectativas a tope y sin el programa a la mano. ¿Qué voy a escuchar?  Lo único que conocía el era el primer movimiento de Grieg, lo demás, ni idea. Ya no hay tiempo de ir a buscar  un programa.

 Primera pieza. Algo oriental, por algunos tonos que dieron las flautas.  Todo lo demás en mi cabeza se va a tomar un descanso, dejándome en paz. Y ahora sólo sonrío ante los tonos que me parecen curiosos o simpáticos. Termina la pieza y todo mundo aplaude, me imagino que está bien, pero la siguiente debe ser de varios movimientos y de seguro voy a aplaudir a la mitad de todo eso. ( ¿no se pueden poner monitos como este :S en un reporte verdad?) Y volteo a ver quién me presta un programa.

   Edvard Grieg. Tengo un CD con el, ya mencionado hasta el cansancio, primer movimiento. Está rayado como en el minuto 10. Y es curioso escuchar algo que en tu mente ya tiene un sonido característico, y que de pronto te lo cambien. No me refiero a lo rayado, sino a que los tiempos son diferentes según el intérprete. Pero me gustó. Es muy diferente “ver” la música que sólo has escuchado hasta ése momento. Y ver qué produce cada sonido y la forma en que se mueven. Y sobre todo, los otros movimientos, con sus finales sublimes. Tengo que buscarlos porque mi CD, dice que lo que sigue ahí es “Claro de Luna” de Beethoven.

  (Intermedio. Todos corren al baño, menos yo porque me ganan el lugar. Los cuates de junto me regalan su programa y soy muy feliz, porque ya no me tengo que parar.)

  Una noche en la árida montaña. Mussorgsky. Mis pensamientos aprovecharon el mar de gente que regresó del baño y se colaron sin boleto. Para mi mala suerte. Pero a grandes rasgos estuvo muy padre.  Ya para entonces estaba poniendo más atención en los músicos que no figuraban en la ejecución por el momento. Son muy curiosos.  El señor del timbal del cabello simpático se recarga en la pared y mueve los palitos ya que no tiene nada que hacer.  El del cello, se saca algo de la bolsa y se agacha después de que se le cayó el arco y los demás cellistas lo voltearon a ver...

La tormenta de nieve. Sviridov. Más bien parecía la narrativa de sucesos dentro de un pueblo, por los títulos de los movimientos. Y lo que más me gustó, fue que, cada uno sí daba la imagen del título.  Pero, un poco aparte, los pequeños papeles me parecen bastante interesantes y me encanta ver a las personas encargadas de ellos. Como el del xilófono. Creí que tenía un papel muy pequeño, porque sonaba muy detrás de los otros instrumentos. Pero justo en eso, hace un barrido de teclas y termina la pieza. Muy inesperadamente.  

  El director saluda a todos los primeros instrumentos y se va. Sin repetición alguna.
Yo tomo a todos mis rollos, que se han colado, de la mano y los guío a la salida, ya nos vamos a la casa. Lástima, ellos también vienen conmigo. ¡Pero Grieg nos acompaña ahora!

Saturday, 29 June 2013

Laberintos

Vértigo. Un vértigo como de décimo piso, como al interior de un extractor de jugos, como hacia una lámpara encendida. Como hacia todo lo que dolerá y que lo hace más magnético que las cosas que no lastiman. Masoquismo.

Wednesday, 3 October 2012

Untitled yet


Felt like poetry, though it was not
Felt like a song, however there wasn't sound
It was it all together, but reality
Still I am here, waiting whatever comes.

Please, do not take too long
My despair is not to be alone
Tomorrow I will see a day
Coming through the midnight song
Is it you, or do I have to continue by my own?

Sunday, 1 July 2012

Ana

Ella se sentó. Aunque llevaba todo el día flotando por toda la casa ociosamente, estaba agotada. Lo pensó de nuevo y de nuevo. A pesar de llevar todo el día pensándolo, cada vuelta parecía igual de imprescindible; era necesario detenerse por veinteava vez en cada detalle.

EL día pasó; la comida no se enteró de su presencia, la música no la oyó, el jardín no la visitó. Nadie supo de ella aquel día. Pasó inadvertida para las cosas que estaban presentes a su lado, a cada paso.

Se sentó; su cabeza seguía de pie, seguía oscilando al rededor de la habitación. Ojalá se volviera autómata y pudiera salirse a dar una vuelta sin depender de ella, sin involucrarla en toda su complicación. Ojalá ella pudiera ver por la ventana sin ver más allá. Ojalá ella pudiera sentarse y nada más.